"Una vez que se establece, el maltrato es una conducta crónica", dice el catedrático de Psicología Enrique Echeburúa, "a pesar de las muestras de arrepentimiento, el maltrato se repite". PABLO ORDAZ - San Sebastián - España. EL PAÍS - Sociedad - 15-10-2006 Sesión de terapia con presos internos por violencia de género, en la cárcel de Ourense - España (LALO R. VILLAR)
Hace dos años, cuando se hicieron novios, Lydia ya sabía que él estaba en la cárcel por haber matado a su mujer. "Yo le puse muchos cerrojos a la relación", reconoce, "pero él los fue abriendo uno a uno, ganándose mi confianza".Un día Lydia recibió una carta con el remite de la prisión. Él abordaba de lleno un pasado por el que hasta entonces habían andado de puntillas: "No debí matarla, me arrepiento de corazón, pero aquella mujer me estaba haciendo la vida imposible y en aquel momento no fui capaz de ver otra salida, yo era otro hombre, me cegué". Lydia, sentada en una cafetería de Pamplona, vuelve a meter la carta en el bolso como si fuera un salvoconducto, y dice: "Yo le creo, y estoy segura de que a mí nunca me pondrá una mano encima. Ya sé que puede resultar raro".No desde luego para quienes, desde el lado de la ciencia o de la ley, trabajan con los maltratadores de mujeres. . "Para un maltratador", explica Jesús, psicólogo de la prisión de Nanclares (Álava), "la crónica de su crimen siempre está incompleta.A los funcionarios de prisiones les sigue sorprendiendo la gran cantidad de maltratadores, de homicidas incluso, que como el novio de Lydia consiguen convencer a sus nuevas parejas de que con ellas todo será distinto. "Y además", explica Mercedes Gallizo, directora general de Instituciones Penitenciarias, "desde las cárceles vemos que son muchas las mujeres que vuelven con sus agresores, bien por la baja autoestima causada por años de maltrato psicológico, por la esperanza de cambio, por la falta de recursos... Hay mujeres que insisten en poder comunicar con sus agresores pese a la existencia de órdenes de alejamiento, y no son pocas las peticiones al juez para que deje salir al marido bajo el argumento de que él ya ha cambiado o de que sus hijos lo necesitan... Si no se trabaja con los agresores terapéuticamente, estas situaciones se reproducirán en el futuro.Jesús, el psicólogo de Nanclares, es también coautor del programa de tratamiento que se aplica actualmente en las prisiones: "Desde luego que ni yo ni nadie puede decir que, después de recibir el curso, un hombre no va a agredir nunca más a una mujer, pero sí que va a tener que saltar obstáculos que antes no tenía. Igual se le vuelve a ocurrir pegarle una torta a su pareja, pero tendrá que saltar siete barreras y a lo mejor, con suerte, se para en alguna de ellas". Ángel es psicólogo de la prisión de Alicante. Dice que dentro de la terapia hay dos momentos especialmente difíciles. Uno es cuando los condenados por maltrato ven la película Te doy mis ojos, de la realizadora Icíar Bollaín. "Cuando termina la película, hay una frase que triunfa sobre las demás. Prácticamente todos me dicen: `Yo no soy así?. Es el momento de meter el dedo en la llaga, de que vean que sí han sido así o, en muchos casos, incluso peores". El otro escollo es cuando tienen que escribir una carta a su víctima. Una carta que nunca será remitida, pero que servirá para ser comentada entre todos. Hay algunos que escriben: "Has aguantado lo que yo no hubiera aguantado. Te pido perdón". Y otros que, en cambio, se salen por la tangente de las frases hechas: "¿Qué tal estás? Yo bien. Aquí los días son muy largos...". La puesta en común sirve para dejar al descubierto que los que emplean la segunda fórmula siguen sin reconocer su culpa. "Al final del programa", explica Jesús, el psicólogo de Nanclares, "muchos alucinan al darse cuenta del daño que le estaban haciendo a su víctima. No eran capaces de ver el nivel de angustia que provocaban. Son analfabetos emocionales, aunque tengan una carrera universitaria y sean muy hábiles al justificar su conducta, pero son incapaces de ponerse en el lugar del otro. Siguen siendo maltratadores en potencia". Jesús y Ángel llevan años tratando a hombres condenados por violencia de género. De sus fechorías saben lo que ellos les cuentan y lo que el juez reflejó en la sentencia que los envió a prisión. En cambio, Juan Ignacio Paz, psicólogo del Instituto Andaluz de las Mujeres, vive el drama desde el lado de las víctimas. Los tres coinciden en que no existe un "perfil" del maltratador, pero sí unas pautas de conducta que se repiten en unos y en otros, a veces de forma asombrosa. "Son personas con una ideología de dominio, inseguras, machistas, incapaces de controlar la ira..., que van anulando a su víctima mediante un proceso de ensayo y error.Las estrategias que utilizan unos y otros se parecen tanto que a veces pensamos que debe haber una academia en algún sitio. Lydia sólo sabe de su novio dos cosas. Que mató a su mujer y que aún le quedan varios años en prisión hasta pagar su condena. No ha querido saber más. "Desde aquella carta en la que él me explicó por qué estaba en prisión", cuenta Lydia, de 36 años de edad y administrativa de profesión, "apenas hemos vuelto sobre el asunto. Ni yo le he preguntado ni él me ha dicho. Tampoco he querido investigar. No soy una ilusa, y quizás los detalles me envenenasen más que el delito en sí. Así que, ¿para qué? No creo que corra más riesgos que cualquier otra mujer que se enamora de un desconocido” . Instituto de la Mujer (España)
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